Gloria Fuertes, princesas y cuentistas 

Gloria Fuertes fue la primera poeta a la que leí y, coincidentemente, la primera a la que amé. Es una suerte que tu primer toma de contacto con la poesía sea de la mano de alguien que pueda obrar magia con las palabras de la manera en la que Gloria lo hacía; de lo contrario, la cicatriz resultante podría ser tan embarazosa que la sola mención de la poesía podría hacerte hiperventilar.

En aquel momento, con siete años, mi abuelo había intentado hacerme leer a Becquer y yo no me había entusiasmado demasiado. Porque tenía siete años.

Los niños son un público difícil. Si no controlas el sentido del ritmo los has perdido. Si dices en diez palabras lo que podrías decir en cinco no te lo perdonarán jamás. Los niños lectores son, en cierto sentido, mini Hemingways: si no dominas el sutil arte de la sencillez no tienen por qué perder su tiempo contigo.

Maya Angelou (otra poeta de la que me enamoré, pero cuando cursaba Literatura inglesa en la universidad) decía que easy reading is damned hard writing, y en eso Gloria era una auténtica maestra. Muy pocos pueden conquistar a los niños y muy pocos pueden decir tanto con una sencillez tan exquisita, y ahí reside el talento de Gloria.
Hoy las redes se caldearon un poco con el último artículo de Javier Marías. En él, el autor (del que últimamente se habla más por buscar la polémica fácil que por sus novelas) no solo cuestionaba la valía de Gloria Fuertes, sino que además aprovechaba para darnos una lista de “buenas autoras” (siempre bajo su propio juicio) a las que “leer por caridad”. Como Javier Marías es Javier Marías y todos sabemos del pie del que cojea, consideró que la ocasión también era buena para hacer una crítica del feminismo de hoy, que a su parecer ensalza a las mujeres solo por el hecho de ser mujeres.
Yo a los siete años no sabía mucho de la vida personal de Gloria Fuertes ni, mucho menos, del feminismo. De hecho, lo poco que sabía de las desigualdades entre los sexos lo había aprendido de las novelas de fantasía y de las películas de Disney: sabía que, en algún momento de la historia, las mujeres solo habían sido consideradas aptas para casarse, lo cual me parecía una soberana tontería, especialmente porque había tantos personajes literarios femeninos capaces de derrotar dragones. 

A los siete años pensaba que el concepto de la mujer como un ser inferior había quedado relegado a la Edad Media. No sabía, por ejemplo, que lo primero que van a decir de ti si escribes es tu sexo, ni que te van a criticar y etiquetar en base a él, ni mucho menos que podrían colgarte el estandarte de feminazi (antes a las feministas las llamaban histéricas, pero hoy en día se prefiere compararlas con una ideología política que defiende el exterminio sistematizado por motivos raciales) si te quejas. Puesto que ni intuía nada de esto, Gloria Fuertes fue una de las autoras maravillosas que me hizo ver que yo también tenía una voz y que podía usarla.
Javier Marías nos da una lista de mujeres a las que “leer por caridad”. Lo que yo no entiendo es cómo un hombre que se cree con la potestad de cuestionar el talento de sus colegas puede utilizar semejante expresión y quedarse tan tranquilo. 

“Por caridad” mi familia aceptaba escuchar los cuentos que yo contaba cuando ni siquiera sabía escribir. Y digo “por caridad” porque eso generalmente se traducía por una Andrea tan emocionada contando su historia que echaba a correr antes de terminarla. “Por caridad” porque ni siquiera conseguían una historia entera. “Por caridad” porque yo era una niña y demasiados adultos consideran que los niños no tienen todas sus facultades intactas, como diría Salinger.
Lo que Javier Marías no nos da es una lista de motivos por los que él considera a Fuertes una poeta tan sobrevalorada. Por no pecar de lo que critico, os diré por qué yo considero a Marías un autor tan sobrevalorado (ideologías políticas al margen, no vayan a tacharme de hipocritilla).

Simple y llanamente, como lo es todo en este artículo, desconfío de cualquier autor al que se le vea el plumero; es decir, cualquier autor que adore escucharse a sí mismo hasta el punto de no saber discernir entre un buen pasaje y un ejercicio de masturbación literaria. Cuando leo quiero que la historia me muestre lo brillante que es el autor, no que el propio autor me lo cuente, en primer lugar porque me gustaría que no menospreciasen mi comprensión lectora y en segundo lugar porque la arrogancia y las alabanzas a uno mismo me hacen poner los ojos en blanco. 
Así que me quedo con Gloria. Mil y una veces. Mágica Gloria. Una mujer que hizo honor a su apellido: Fuertes.

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