Cómo tener una cita con el artista (y 5 cosas que hacer en Oxford)

Un concepto que he llegado a adorar es el de las citas con el artista. Las citas con el artista provienen del libro The Artist’s Way de Julia Cameron; un libro que, he de admitir, no he leído ni está tampoco en mi lista de próximas lecturas.

Las citas con el artista se basan en que tú, como persona creativa, designes un día libre en el que salir de casa para tomar parte en una actividad inspiradora. Esto puede ser una visita a un museo, un paseo, una tarde en una cafetería que siempre quisiste descubrir, una clase, un día de lectura en un parque… cualquier cosa, siempre y cuando la hagas solo y siempre y cuando estimule tu cerebro creativo. Me fascina el concepto de las citas con el artista y, especialmente ahora que trabajo a tiempo completo, he aprendido a tomar tantas de estas citas como necesito.

Edición es una industria muy competitiva en la que se trabajan muchas horas y en la que con frecuencia uno se lleva el trabajo a casa. Ahora que formo parte del equipo de Ventas de Bonnier Books UK, la editorial británica que más rápido ha crecido en los últimos años, me he dado cuenta de que mi creatividad ha sufrido a causa del cansancio físico y mental. Aunque físicamente dispongo de las horas libres suficientes como para escribir, después de ocho horas de trabajo (más las preocupaciones que me llevo a casa) estoy demasiado exhausta como para seguir trabajando. Adoro mi puesto y en muchos sentidos es mi dream job pero ha supuesto tener que reorganizar mi vida y mis side hustles de una manera en la que no tenía que preocuparme cuando era universitaria o cuando trabajaba cuatro días a la semana en una editorial mucho más pequeña. Durante los últimos meses no he tenido el tiempo ni las energías de actualizar este blog porque mi prioridad son mis proyectos de escritura: un proyecto Middle Grade del que podré hablar más adelante y las dos novelas en las que estoy trabajando, el Proyecto Gris (sobre salud mental, las found families, el movimiento #MeToo y un road trip por Galicia) y el Proyecto Oro (sobre patinaje sobre hielo y enfermedades crónicas), de las que sabréis más en 2020.

Trabajar en estos proyectos que me apasionan ha supuesto un reto bastante grande en los últimos meses, y aquí es donde las citas con el artista han venido al rescate. Ahora que escribir todos los días no resulta una opción realista, el relegar al menos un día a la semana solo para mí y para mi creatividad está obrando milagros en mi productividad y mi salud mental.

¿Pero cómo tener una cita con el artista? Estos son los pasos que sigo yo…

  1. Elige un día. Para mí suelen ser, naturalmente, los fines de semana. A veces tengo planes (porque socializar y hacer cosas “no productivas” también es importante para nuestra salud) y solo puedo apartar un sábado o un domingo, y a veces me dedico todo el fin de semana.
  2. Márcate una meta. Siempre intento pensar en un número de palabras al que quiero llegar, un capítulo que quiero escribir o unas escenas que quiero terminar.
  3. Piensa en el presupuesto. La mayoría de mis citas con el artista son prácticamente gratis y se resumen en un paseo o en una visita a un museo (las entradas gratuitas a los museos son una de mis cosas favoritas de Londres) y una sesión de escritura en una cafetería o en una biblioteca, pero a veces siento que me ayudará más alejarme y hacer una pequeña excursión (como esta semana, que pasé el sábado en Oxford).
  4. Escoge una actividad productiva y una actividad no productiva. Yo suelo dividir mis citas con el artista en dos partes: la primera, en la que participo en una actividad “no productiva” que me inspire, y la segunda, cuando trabajo en mi creatividad. Como he comentado, mis opciones favoritas son los paseos (normalmente en el south bank del Támesis y con la banda sonora del proyecto en el que estoy trabajando) y las visitas a los museos, pero hay muchas opciones más. Tómate tu tiempo en pensar qué quieres hacer y qué te recargará de energía para pasarte el resto del día escribiendo.
  5. Piensa en un “premio” que darte a ti mismo. Las citas con el artista no dejan de ser autocuidados; una manera de recordarte que eres importante y que te mereces reservar tiempo para ti y para tu creatividad. A mí me gusta regalarme algo a mí misma, haya alcanzado la meta del día o no. Esta última parte es importante. Aunque los premios como motivación ayudan a muchos artistas, yo me he dado cuenta de que mi relación con la productividad es muy tóxica y quiero dejar de premiarme por ser productiva. En su lugar, quiero celebrar que estoy intentando hacer todo lo mejor posible cuidándome a mí misma en el proceso. Estos premios suelen ser cosas pequeñas que me ayuden a relajarme después de un día de trabajo, como una mascarilla facial, una vela aromática o una peli que ver en Netflix.

Como veis, las citas con el artista son muy sencillas de llevar a cabo y, por lo menos, han cambiado un poco mi perspectiva ante la creatividad y me están ayudando a construir una relación más sana con la productividad y la escritura.

Puesto que la semana que viene tenemos bastantes reuniones importantes en el trabajo y sé que voy a estar más ocupada y estresada que de costumbre, este fin de semana quise tener una cita con el artista un poco distinta y especial e hice una excursión a Oxford. Esta es la tercera vez que visito Oxford y he de admitir que se está convirtiendo en una de mis ciudades británicas favoritas. Quizá sea porque de pequeña crecí con los libros de C.S. Lewis (que primero estudió y luego fue catedrático en el Magdalen College), porque Oxford tiene un espíritu de pueblecito británico idílico difícil de negar o porque una de las veces que visité Oxford fue en la época navideña y desde entonces Oxford.y esa magia invernal siempre estarán conectados en mi cabeza.

Durante la hora de viaje en tren tuve la oportunidad de escribir (por algún motivo, los buses y los trenes son dos de los sitios en los que más me gusta escribir), y ese fue el inicio perfecto de un día creativo en Oxford. Tanto si es vuestra primera como vuestra décima vez en la ciudad, aquí os dejo cinco cosas que hacer en Oxford (que no siempre aparecen en las guías de viaje).

    • Pasea por los canales, visita el barrio de Jericho y tómate un rainbow latte en Barefoot. Si, como yo, llegas a Oxford en tren, una de las maneras más bonitas de llegar al centro es a través de los canales de Oxford, un paseo pintoresco de unos quince-veinte minutos que termina en Jericho, el barrio más hipster de la ciudad. Una vez allí adéntrate en Barefoot, una cafetería con mucho encanto en la que puedes pasarte horas escribiendo y donde puedes probar cafés de colores: rosa (con raíz de remolacha), amarillo (con cúrcuma), verde (con matcha) y azul (con flores butterfly pea… este es el que probé yo y, aunque el nombre no me inspiraba mucha confianza, ME ENCANTÓ). También tienen una selección enorme de dulces (aunque no probé ninguno, tienen muy buena fama) y un jardín para los días de sol.
    • Llena tu mochila de libros en Blackwells. Aunque Oxford, naturalmente, está llena de librerías (incluyendo la de la editorial Oxford University Press), la preferida por los locales y los turistas es Blackwells, una librería de cuatro pisos (con cafetería en el segundo) que, además, hace ofertas 3×2 y buy one get one free. Ayer aproveché la primera de estas ofertas y me hice con dos libros de C.S. Lewis (A Grief Observed, que leí en el viaje de vuelta, y Surprised by Joy) y una edición preciosa de Crimen y castigo.
    • Hablando de C.S. Lewis… visita St. Mary’s Passage. Si ya has estado en Oxford es probable que hayas pasado por delante sin darte cuenta, pero es un secreto a voces que St. Mary’s Passage fue una de las inspiraciones que llevaron a C.S. Lewis a escribir Las crónicas de Narnia. St. Mary’s está ubicada entre High Street y la cámara Radcliffe y en ella podréis encontrar un farol muy parecido al que Lucy se encuentra en su primera visita a Narnia y una puerta de madera con un león tallado y dos faunos dorados a ambos lados. ¡Creo que definitivamente podemos decir que C.S. Lewis pasó más de una vez por aquí!

 

  • Hínchate de comida húngara en el mercado. El mercado al aire libre de Oxford ocurre cada sábado y podéis adquirir una variedad maravillosa de comida callejera. Mi favorita, por supuesto, es la húngara del puesto de Janos Nagy. Os recomiendo, en especial, estos langós gigantes (masa frita con ajo, salsa agria y queso rallado) y los töltött káposzta (rollitos de repollo relleno de carne y arroz y sazonado con paprika y salsa agria).
  • Visita el Ashmolean. El Ashmolean es el museo por excelencia de Oxford y, como muchos otros museos de Reino Unido, su entrada es completamente gratuita. Podéis pasaros perfectamente toda una tarde mirando las obras de arte y los objetos históricos, y también tiene una cafetería amplísima en la que detenerse para recobrar energías.
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