Libros con personajes judíos que NO son sobre el Holocausto y que todos deberíais leer

Este domingo, al ponerse el sol, empieza Rosh Hashanah, la festividad que celebra el Año Nuevo judío. El otro día, pensando en ello y en la necesidad de una literatura más diversa, me di cuenta de que, en general, la representación de los grupos marginalizados en la literatura suele recaer en el sufrimiento que estos sufren. Eso va más allá del tropo de bury your gays; un gran porcentaje de la literatura que se publica (es decir, de la literatura que vende) trata sobre los crímenes de odio que las personas que pertenecen a grupos marginalizados sufren. Y esto es un problema. Si los personajes blancos y cishet de clase media son el defecto, y si los únicos argumentos en el que otro tipo de personajes pueden ser protagonistas son aquellos que giran alrededor del racismo, la homofobia, la exclusión social… estamos mandando el mensaje de que las narrativas de los grupos marginalizados solo son valiosas cuando estas nos “enseñan” algo (que, generalmente, suele ser que deberíamos estar agradecidos por no estar en su situación). En el caso del judaísmo en particular, sus narrativas suelen estar centradas en la Sho’ah.

Se han escrito grandes obras ambientadas en la Sho’ah en particular y en la Segunda Guerra Mundial en general, tanto por propios supervivientes como por autores actuales y ajenos al conflicto, y mi intención no es desprestigiar estos libros. Sin embargo, creo que tenemos un problema cuando las únicas novelas en las que nos encontramos personajes judíos son aquellas en las que se representa el genocidio. Por lo tanto, aquí tenéis una lista de algunos de mis libros favoritos con personajes judíos que no tratan sobre la Sho’ah:

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Un final para Rachel, Jesse Andrews

Voy a admitirlo: Un final para Rachel se ha convertido en una de mis novelas favoritas de juvenil. Punto. Jesse Andrews me parece un maldito genio con un sentido del humor muy particular que, de verdad, ojalá tuviesen más escritores.

En muchos sentidos, Un final para Rachel es el anti-TFiOS: una novela en el que el cáncer es representado tal cual es, sin medicamentos milagrosos y sin efectos secundarios que vienen y van según le convenga al argumento; sin personas enfermas que son más inteligentes o más introspectivas por el hecho de estar enfermas, y sin una relación amorosa forzada. (Y, ya que estamos hablando del judaísmo, sin un morreo totalmente fuera de lugar en la Casa de Ana Frank).

En Un final para Rachel tanto Greg Gaines, el protagonista-narrador, como Rachel Kushner, la compañera de clase que ha sido diagnosticada con leucemia, son judíos (al igual que el autor, Jesse Andrews), y su judaísmo tiene su importancia en la trama. Sin embargo, el judaísmo no los define, al igual que la leucemia no define a Rachel, y este es uno de los aspectos que más me gusta de esta novela: los personajes son personas por derecho propio más allá de las condiciones que sufren o de sus identidades marginalizadas.

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The right thing to do at the time, Dov Zeller

Esta es, probablemente, la novela más judía que he leído en mucho tiempo. Tanto Ari como Itche, los protagonistas, son activos en su comunidad Ashkenazi. Dov Zeller, a través de detalles como insertar palabras en hebreo y en yiddish (idioma cercano al alemán que desarrollaron los judíos del centro y el este de Europa), describir platos Ashkenazi típicos y situar escenas en servicios religiosos y festividades judías, monta un world building alucinante.

Además, la representación LGBT me parece especialmente destacable, ya que por desgracia no se nos suele enseñar a personajes LGBT religiosos. Y es un retelling de Orgullo y prejuicio. ¿He mencionado que es un retelling de Orgullo y prejuicio? Si queréis saber más, podéis leer mi reseña aquí.

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Si decido quedarme, Gayle Forman

Si decido quedarme fue uno de mis libros favoritos cuando era adolescente. Lo leí por primera vez a los diecisiete y me enamoré enseguida de la prosa y del sentido del humor de Gayle Forman.

Aunque esta es una novela cortita, los arcos de los personajes están muy bien cuidados, y los flashbacks están llevados con maestría y aportan a la fluidez del argumento en vez de entorpecerlo. Además, adoré todas las referencias a la cultura pop y, en particular, a la música punk (aunque, bueno, puede o no puede que Gayle Forman me haya introducido a la música clásica de Yo-Yo Ma).

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Uno de mis personajes predilectos de la novela es Kim, la mejor amiga de Mia, nuestra protagonista. Kim, al igual que Gayle Forman, es judía secular; y, como ocurre en Un final para Rachelsu personalidad va más allá del grupo etnoreligioso al que pertenece. Kim sueña con ser reportera (creo que esta es una de las razones por las cuales la adoré enseguida), es ferozmente fiel a Mia, cabezona en el mejor sentido de la palabra, fan de los cafés complicados… ahora que lo pienso, es posible que Kim y yo seamos la misma persona. Sea como sea, Si decido quedarme es una de mis novelas de juvenil de cabecera.

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Solo un día, Gayle Forman

Esta es una de mis lecturas actuales, pero tenía que incluirla porque Gayle Forman es así de maravillosa. De hecho, es posible que haya cogido uno de los tropos a los que más tirria tengo (el tan aborrecido instalove) y lo haya convertido en una historia realista y honesta.

Gayle Forman tiene una habilidad especial para meterse en los zapatos de sus personajes de manera que puedas simpatizar con ellos y entenderlos, independientemente de sus circunstancias, y eso es lo que me ha ocurrido a mí con Allyson, la protagonista narradora.

Allyson me hizo recordar a mi yo de diecisiete años, lo que me hizo sentirme como mi yo de diecisiete años, que no es algo que consigan todas las novelas juveniles.

Allyson, como Kim en Si decido quedarme, es judía secular, y su identidad tiene peso en la novela. Al comienzo, Willem, el love interest holandés, le dice que no parece americana porque no es rubia, de rasgos suaves… vamos, que Allyson físicamente entra dentro del estereotipo de los judíos Ashkenazi, y Gayle Forman la describe como tal, acariciando el eterno debate alrededor de la identidad judía. Ser judío es pertenecer a un grupo etnoreligioso (es decir, si naces judío eres judío más allá de tus creencias religiosas) y ser Ashkenazi (descendiente de los judíos del Centro y el Este de Europa) suele estar relacionado con ser blanco, ¿pero entonces por qué Gal Gadot es judía y Wonder Woman no?

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Yo, Simón, Homo Sapiens, Becky Albertalli

Con este libro hice un poco de trampa y me vi la peli antes de leerlo, pero adoré tantísimo las dos interpretaciones de la historia de Simon Spier. Este es, definitivamente, el libro que los jóvenes LGBT se merecen, y precisamente por el tema que comentaba al principio; es un soplo de aire fresco tener una historia en la que el sufrimiento del personaje marginalizado no sea el foco. Esto no quiere decir que la novela esté ambientada en un mundo utópico en el que la homofobia no exista; simplemente, se le otorga más importancia al crush mutuo entre Simon y Blue, el chico anónimo con el que se envía mails, que a la homofobia que ambos puedan sufrir.

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En la novela, Blue, el crush de Simon, es judío, y su judaísmo es una parte importante de su identidad. Cuando se lo cuenta a Simon, Simon le responde que creía que todos los judíos vienen de Israel, un detalle erróneo que Blue le corrige. Blue, además de judío, es biracial y, de hecho, la representación de diversas identidades es uno de los aspectos que más me han gustado de esta novela, junto con los diálogos tan reales y lo maravillosamente dulce que es todo.

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El método del copo de nieve|Writing Wednesday

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Oí hablar por primera vez del método del copo de nieve en 2012, cuando me estaba preparando para presentarme a mi segunda (y última, debido a la edad) convocatoria del  Premio Jordi Sierra i Fabra. Me pareció interesante, y útil para ciertas personas, pero no para mí, que suelo planear mis novelas en torno a la caracterización de mis personajes y que odio con toda mi alma escribir sinopsis y resúmenes de argumentos (de verdad, incluso cuando la novela no es mía).

Leí sobre el método, busqué una opción que se ajustase más a mi método de trabajo y lo dejé pasar.

La segunda vez que me planteé más o menos en serio el método del copo de nieve fue el julio pasado, cuando estaba buscando una ficha de planificación para poder ponerme a trabajar en el Proyecto Ash (spoiler: acabé por lo hacerlo). Con lo que me encontré fue con una auténtica mina: un directorio en Evernote con fichas de planificación y de personaje; entre ellas, una para el método del copo de nieve.

Salto en el tiempo a septiembre: estoy a punto de entregar mi TFM (¡Por fin!) y faltan solo unas semanas para que deba entregar también las últimas correcciones de la novela que saldrá en febrero (¡Qué ganas de que me dejen contaros más sobre ella!). Me he puesto el uno de octubre como fecha para comenzar a escribir el Proyecto Ash y, por una vez, el método del copo de nieve parece que podrá ayudarme.

¿Pero qué es el método del copo de nieve? Para empezar, es necesario que hagáis acopio de la la plantilla en Evernote.

Como podéis comprobar, el método del copo de nieve está dividido en diez pasos. Bien, ¿eh? El diez es un número redondo. El diez suena a que nos lo estamos tomando en serio.

  1. Describe tu novela en una frase. Debido a esto, este método es especialmente eficaz cuando tenemos una idea del tema sobre el que queremos escribir pero todavía tenemos que decidir qué acontecimientos ocurrirán, quiénes serán los personajes principales y cómo se desarrollarán a medida que avance la historia.
  2. Ahora que ya tienes sobre el papel esa idea inicial, expándela hasta poder describir tu novela en un párrafo. Quizá ya tengas muy claro el principio o el final. Quizá haya un par de episodios en el medio de la novela que sabes que tienen que estar ahí sí o sí. O quizá tus personajes ya están bastante perfilados y conoces bastante sobre sus vidas y sus comportamientos. A partir de estos detalles puedes hacer crecer tu pequeño resumen.
  3. Empieza con las hojas de personaje. Si crees que es demasiado pronto y todavía no sabes demasiado sobre tus personajes, respira. Es demasiado pronto, lo que significa que es también el momento perfecto para empezar a conocer a tus personajes. En este punto puede servir de mucha ayuda una mini-ficha de personaje como esta de Literautas. Este no es el momento de trabajar en el arco de los personajes sino de aclararnos sobre quién aparecerá en la novela y cuáles son sus rasgos de personalidad básicos. Yo aquí también les hago el test de las 16 personalidades a mis personajes, pero solo porque me resulta muy útil poder categorizarlos de esta manera.
  4. Escribe un resumen más largo del argumento. Ahora que ya sabes cuál es, a grades rasgos, el argumento de la novela y cuáles son los personajes clave, ya empiezas a tener la suficiente información como para escribir un resumen de varios párrafos. Piensa en cómo pueden chocar las personalidades de tus personajes, cómo los deseos de cada uno pueden ser contrarios, cómo crear conflicto… pero no te agobies porque este no es el estadio final. Solo vamos por la mitad.
  5. Escribe una página desde el punto de vista de cada uno de los personajes principales. Aquí es donde este método me resultará especialmente valioso para el Proyecto Ash, ya que va a estar narrado desde distintos puntos de vista (aunque todavía no me he decidido sobre la primera o la tercera persona). Si te cuesta completar este ejercicio, imagina que acabas de conocer a tus personajes en una estación de tren o en una cafetería y que te están contando la historia de su vida. Con este ejercicio podrás definir más sus voces, su moralidad, sus comportamientos, sus ideales… esto, en una novela novela histórica, es extremadamente útil; en el caso del Proyecto Ash, un mismo acontecimiento va a resultar muy diferente para un judío que para un gentil, para un simpatizante del nazismo que para un miembro de la resistencia, para una persona joven que solo ha conocido la paz y para un anciano que ya ha vivido otra guerra…
  6. Expande cada párrafo de tu sinopsis a una página. Aquí ya se empiezan a complicar las cosas, pero respira. Recuerda que esta sinopsis larga solo vas a verla tú y que no es, en ningún caso, final. Incluso cuando ya has empezado a escribir puedes cambiarla, añadiendo y eliminando episodios, cambiando los acontecimientos de lugar… incluso librándote de personajes que solo al escribir te darás cuenta de que no son necesarios.
  7. Trabaja en los arcos de personaje. Haz acopio de absolutamente toda la información que tengas sobre tus personajes, aunque esta nunca acabe en la novela. Piensa en sus comportamientos, sus ideas, sus historias familiares, sus miedos, sus pasiones, sus relaciones con el resto de los personajes… para ayudaros, hay dos plantillas que a mí me resultan de mucha ayuda: esta con más de 390 preguntas y esta con 600 preguntas.
  8. Prepara una lista de todas las escenas que aparecerán en tu historia. Yo para esto suelo coger una superficie más o menos grande (dos hojas de A4, una hoja de A3, un corcho o whiteboard…) y un taco de post-its. En cada post-it escribo una escena (si hay varios narradores, puedes utilizar un color para cada narrador) y las voy colocando en mi superficie. Como son post-its los puedo cambiar de sitio según vea, y puesto que este método es muy visual es fácil darse cuenta de dónde falta una escena o dónde estamos revelando demasiado.
  9. Describe cada escena. Con tus post-its delante de ti, abre un documento de Word o una hoja de Excel y describe brevemente cada escena que planeas incorporar en la novela.
  10. ¡Escribe! Ahora que ya cuentas con la suficiente información, es el momento. No te demores más y simplemente empieza.

Primer día del otoño: 5 libros que recomiendo y 5 libros en mi TBR

¡Hola! Como muchos de vosotros ya sabréis, especialmente si seguís mis redes sociales, el otoño es mi estación favorita del año. Adoro los cielos grises, las hojas que se doran al sol, los días más cortos, los colores, que todo sepa a calabaza, los cafés complicados, las capas y capas de ropa, Samaín… ¡Y mi cumpleaños! 😅🍂

Otoño es, además, mi época favorita para leer y escribir. Para celebrar el comienzo del otoño meteorológico, os voy a enseñar 5 libros que recomiendo leer en estas fechas y 5 libros que voy a leer en los próximos tres meses.

🍁 Mis libros otoñales favoritos 🍁

Something wicked this way comes, Ray Bradbury.

A Bradbury le tenía unas ganas inmensas desde hacía muchísimo tiempo, y cuando vi esta novela en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires supe que debía conseguirla. No os voy a adelantar mucho de la trama porque creo que esta es una de esas historias en las que es mejor no saber demasiado antes de empezar, pero tened en mente que os encontraréis una feria muy particular, un pueblo en el que nada es lo que parece y una atmósfera espeluznante. Además, Bradbury tiene una de las prosas más hermosas que he leído hasta ahora.

El ciclo de la luna roja, José Antonio Cotrina.

Empecé a leer esta saga a los catorce años y sigue siendo una de mis favoritas. Cotrina es, sin duda, uno de los mayores talentos que tenemos en el panorama juvenil nacional, y su talento es evidente en esta historia tan imaginativa. Los personajes son maravillosos, los diálogos muy ágiles y naturales y el worldbuilding una pasada que me hizo desear que existiese un videojuego ambientado en Rocavarancolia, la tierra de pesadillas en la que se desarrolla la acción de esta saga tan adictiva. Además, el hecho de que la primera novela comience en la noche de Halloween le da puntos a su favor 👻

Perdidos, de Peter Straub.

Esta se ha convertido en una de mis novelas favoritas de terror. Imaginaos mezclar Pesadillas de R. L. Stine con Pesadilla en Elm Street y un poquito de Caso abierto.

Este es un libro en el que dejarse atrapar, con una casa encantada que esconde muchos secretos, una desaparición y un final con sorpresa que os dejará con la boca abierta.

La feria de los horrores, R. L. Stine.

Aquí podría haber escogido cualquiera del maestro del terror juvenil, la verdad, pero este es mi favorito. Para empezar, los libros de Escoja su propia aventura están terriblemente infravalorados. Además, y quizá por esto también me gusta tanto Something wicked this way comes, las ferias me parecen una ambientación de novela/película de terror magnífica. No sé por qué. Quizá sea por lo kitsch y francamente raro que es todo. Quizá porque suelen transcurrir de noche. No sé, pero lo cierto es que como worldbuilding funcionan.

Cosas que escribiste sobre el fuego, Clara Cortés.

Hasta ahora las novelas que os he recomendado han tirado más por la vena del terror y de las atmósferas siniestras, pero otro tipo de libros que adoro leer en otoño son esos que degustas lentamente para poder vivirlos con los personajes. Los de las vibraciones acogedoras. Los que parecen empujarte a enroscarte en una manta con una taza de té humeante.

Cosas que escribiste sobre el fuego es una de esas novelas. Quizá sea por la prosa tan lírica y cuidada de Clara o por el elemento de realismo mágico, pero esta es una de las novelas a las que me encanta regresar siempre que hay tormenta.

🎃 5 libros en mi TBR de otoño 🎃

The graveyard book, Neil Gaiman.

Neil es uno de los autores a los que más admiro, aunque lo único que he leído de él fue American Gods (que me fascinó). Hace tiempo que quiero ponerme las pilas y devorar más de sus obras, y esta es una de las que más me llama la atención, a lo mejor porque soy el tipo de persona que siempre visita los cementerios cuando va de turismo.

M is for magic, Neil Gaiman.

Otro del bueno de Gaiman. Tanto este como el anterior los conseguí haciendo voluntariado en un evento de la editorial Bloomsbury, y me parecen las lecturas perfectas para los meses de otoño.

Saga Red Eye, Alex Bell.

Vi estos libros en la YALC y no me pude resistir. No sé mucho más de ellos aparte de que son una saga de terror y misterio juvenil, que es exactamente lo que me apetece en cuanto las temperaturas empiezan a descender.

Witch child, Celia Rees

Este también lo conseguí en el evento de Bloomsbury y estoy absolutamente enamorada de su portada. Las brujas y las meigas (que no son lo mismo 🌚) son mis personajes mitológicos (aunque habelas hainas) favoritos desde que era niña, y por desgracia no hay los suficientes libros protagonizados por ellas.

The unofficial Stranger Things A-Z, Daniel Bettridge.

Este y Pride fueron los dos libros que me llevé a casa tras mis prácticas editoriales en John Blake Books. Stranger Things se ha convertido en una de mis series favoritas de todos los tiempos, y entre eso y la maravilla de portada que se han currado en John Blake simplemente tenía que hacerme con este libro.

¿Y vosotros? ¿Tenéis alguna recomendación otoñal?

Ana Frank: Desmintiendo mitos | La verdadera historia detrás de Fritz Pfeffer

A lo largo de los años, y a medida que a Ana se la mitificó y, por tanto, despersonalizó, han surgido varias “leyendas” y varios hechos no fundados en la realidad. Voy a empezar refutando cosas que la propia Ana escribió en su diario.

Ana escribió en su diario entre los 13 y los 15 años y, excepto los primeros meses, encerrada en un espacio muy reducido con siete personas más. A pesar de su madurez, Ana era una adolescente que estaba pasando por mucho, y por lo tanto una narradora no fiable.

Lo primero que quiero desmentir, debido a la importancia del respeto a la memoria, son las representaciones de la madre de Ana y del dentista Fritz Pfeffer (pseudónimo dado por Ana: Albert Dussel) en el diario.

Empiezo con Fritz Pfeffer porque su representación me parece la más injusta. Fritz, al igual que los Frank, era un inmigrante alemán en Holanda. Pertenecía al grupo de amigos de los Frank y, además, era el dentista personal de Miep Gies, una de las salvadoras de los Frank.

Fritz, los Frank, los Van Pels y otras amistades solían quedar todos los domingos para tomar el café y charlar. Antes de que las leyes antisemitas prohibiesen que los cristianos visitasen casas de judíos y viceversa, a esas reuniones también asistían Miep y su marido Jan.

Durante esa época Fritz Pfeffer vivía con su novia, Charlotte Kaletta, con la que no podía casarse debido a las leyes antisemitas de la Holanda ocupada, puesto que ella era cristiana. Fritz ya había estado casado con Vera Bythiner, también judía, pero se habían separado en 1932.

Fritz se había quedado con la custodia del hijo de ambos, Werner, dos años mayor que Ana Frank. En noviembre de 1938, sin embargo, Fritz consiguió que Werner huyese a Inglaterra, donde estaría al cargo del hermano de Fritz, Ernst.

Un par de meses después de que los Frank y los Van Pels se escondiesen, Fritz le preguntó a Miep Gies si conocía algún escondite. Miep en un principio le dijo que no, pero luego comentó su conversación con los Frank, los Van Pels y el resto de ayudantes.

Se decidió que tan arriesgado era esconder a siete como a ocho. Miep le comunicó a Fritz que había conseguido un escondite pero que la única condición era que se mudase enseguida. Fritz pidió aplazar la fecha; tenía una paciente y el día siguiente era su última consulta.
Miep volvió a consultarlo con los residentes de la Casa de Atrás, que comprendieron que atender a la paciente era el deber de Fritz como doctor. Fritz Pfeffer se mudaría al lunes siguiente.
En un principio Ana lo describe con amabilidad, destacando que resultaba agradable para ser un dentista. Sin embargo, la opinión de Ana no tarda en cambiar, y aquí es necesaria una explicación. Hasta el momento, Ana había compartido una habitación con su hermana Margot.
Al llegar Pfeffer, se decidió que Margot dormiría en la misma habitación que sus padres, mientras que Ana, de trece años, compartiría cuarto con Pfeffer, que estaba en la cincuentena. Los Frank seguían viendo a Ana como a una niña y no como a una jovencita.
La semana pasada estuve en la Casa de Ana Frank y tengo que deciros que es mucho más pequeña de lo que parece en las fotos. Las habitaciones son muy estrechas vacías, cuanto más con muebles. Imaginaos tener 13 años y convivir con un casi desconocido más de treinta años mayor.
Naturalmente, Fritz y Ana empezaron a irritarse el uno al otro. Fritz se quejaba de que Ana pasaba demasiado tiempo en el baño; Ana criticaba los ejercicios de gimnasia de Fritz, que hacían mover la silla que habían colocado a los pies de la cama de Ana, demasiado corta.
El tema de discusión más frecuente era el uso del escritorio de la habitación. Fritz consideraba que las clases de Ana y la escritura del diario eran cosas infantiles, y esgrimió estar en el derecho a hacer un mayor uso de la mesa debido a que sus intereses eran más serios.

En particular, Fritz tomaba clases de español. Su mayor sueño era emigrar a Chile con su novia, Charlotte, para dedicarse a la cría de caballos. Ya había intentado emigrar y le habían rechazado la visa, pero Fritz seguía soñando con ir a Chile tras la guerra.

Tras plantearse la posibilidad de publicar su diario, Ana ideó pseudónimos para todos los que aparecían mencionados. Así, Fritz Pfeffer se convirtió en Albert Dussel, que se traduciría por Alberto Estúpido. En su diario, Ana tilda a Fritz de pedante, egoísta y ridículo.

Por este motivo, las adaptaciones del diario (la obra de teatro, las películas…) han pintado a Fritz Pfeffer/Albert Dussel como una especie de comic relief: inculto, desconocedor de las costumbres judías, mamarracho, payaso…

Hasta se grabó una escena que jamás ocurrió realmente en la que Fritz robaba una barra de pan. Por este motivo, Charlotte Kaletta, que durante la guerra quedaba todas las semanas con Miep para charlar y pasarle cartas para Fritz, se distanció de los supervivientes.

El hijo de Fritz, Werner, que sobrevivió a la guerra, siempre mantuvo las distancias también por el mismo motivo. Werner acabó mudándose a EEUU tras la muerte de su tío, se cambió el nombre a Peter Pepper y se convirtió en un hombre de negocios de éxito.

En el documental Werner conoce a Miep Gies por primera vez, y le da las gracias por hacer todo lo posible por salvar a su padre. Lamentablemente, Werner Pfeffer moriría de cáncer dos meses después de ese encuentro, a los 68 años.
Miep Gies también desmiente la descripción dada por Ana. Al contrario de lo que el diario podría llevar a pensar, Fritz Pfeffer era un hombre extremadamente culto e inteligente, un judío ortodoxo cuya visión del mundo chocaba con la de la liberal Ana.

Fritz Pfeffer murió en 1944 en Neuengamme, a los 55 años. Charlotte Kaletta se casó con él póstumamente tras la guerra, y siempre defendió su memoria.

Futuras interpretaciones, como La historia de Ana Frank (2001) y la miniserie de la BBC de 2009, son más amables, pero todavía queda mucho por hacer para limpiar el nombre de Fritz Pfeffer/Albert Dussel.

Por qué escribo personajes masculinos

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Si hay un elemento de mi escritura del que soy dolorosamente consciente es mi preferencia por escribir personajes masculinos. Y digo dolorosamente no porque los personajes masculinos sean algo inherentemente negativo, sino porque es un hecho no discutible que los hombres, especialmente en roles más activos, están sobrerrepresentados en la cultura. Me refiero a hombres tomando protagonismo incluso cuando no deberían (como en la película Stonewall, donde las mujeres trans de color que originaron los disturbios fueron reemplazadas por un hombre blanco ficticio); a hombres que empiezan en la obra como panolis pero terminan, de algún modo, superando sin mayor esfuerzo a su mentora (mirad cualquier película de acción); me refiero a hombres adoptando roles irrefutablemente activos mientras que los personajes femeninos, de existir, son relegados a papeles más pasivos (como la doncella a la que hay que salvar o el interés romántico al que se cargan para avanzar la trama) o, de permitírseles adoptar papeles más activos, es a costa de la pérdida de su feminidad.

Digo dolorosamente porque me he quejado de esta problemática en muchas ocasiones y, sin embargo, sigo cayendo en lo mismo. Seré honesta. Adoro a muchos de mis personajes femeninos. Adoro la fortaleza de Momoko y adoro la determinación de Amoke y adoro la valentía de Jun y adoro la ligereza de Ofelia y, oh, adoro tantísimo el hecho de que Judith no le permita a nadie que pase por encima de ella. Adoro a mis chicas pero, de todos los que he escrito, mis personajes favoritos siguen siendo los masculinos: Jimmy Race, Cricket, Chaim, Jean-Louis, Nikolai, Takuma, Kenji.

¿Por qué? Coincidentemente o no, de todos los que he leído, mis personajes favoritos son masculinos. Bueno, miento, no todos. Están Idgie Threadgood y Jo March y Katniss Everdeen y Escarlata O’Hara, pero son una minoría frente a las legiones de personajes masculinos que prefiero.

¿Por qué? Bueno, por diversos motivos, los personajes que más me atraen son los alborotadores, gallitos y rebeldes. Mi tropo favorito de todos los tiempos, de hecho, es el grupo de amigos que matarían los unos por los otros, los amigos que combaten juntos junto a una injusticia común.

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¿Los personajes a los que más cariño les tengo? Les Amis de l’ABC de Los Miserables, los poetas muertos de El club de los poetas muertos, los rebeldes de Rebeldes y los merodeadores de Harry Potter. No sé qué me atrae tanto de ellos, en realidad, pero son los que más viva me hacen sentir. Son los que me recuerdan por qué escribo, por qué defiendo las ideas que defiendo, por qué me niego a caer en el cinismo y el escepticismo (I’m looking at you, Grantaire).

También son grupos en los que yo, aparentemente y por una cuestión tan aleatoria como el género que me asignaron al nacimiento (que es, por cuestiones aleatorias, también el género con el que me identifico), no sería bienvenida si fuesen reales.

Aunque todos los personajes principales de Los Miserables son trágicos (no sé qué quieres que te diga, está en el mismo título), ninguno tiene tan poca lucha dentro de sí como los femeninos. Fantine se deja la piel por su hija, sí, pero Hugo siempre la pinta como angelical, una figura casi virginal e inalcanzable. Cosette, como personaje, queda reducido a una figura: el objeto del amor de Marius y el recordatorio de la promesa que Valjean le hizo a Fantine. Éponine, tal vez el personaje femenino más desarrollado, es un personaje patético, quizá de los más miserables entre los miserables: una chica pobre, abusada por sus padres, obsesionada con Marius y movida por la desesperación. No me malinterpretéis: me encanta Éponine (la de la novela, eso es, no la del musical disfrazada de chica enamorada) y me encantan su agresividad y sus bordes afilados, pero al mismo tiempo me quedo sedienta porque el único personaje femenino de la novela con un rol más activo está movido por esa desesperación. No conocemos nada más de Éponine que su obsesión y sus penurias, y sé que Los Miserables es una novela decimonónica y que no podemos exigir lecturas contemporáneas a obras de hace doscientos años, por lo que no voy a condenar a Hugo por la falta de personajes femeninos desarrollados en su mastodonte de 1900 páginas.

Los Miserables se escribió hace doscientos años, sí. Pasemos a la siguiente novela, por orden cronológico.

Rebeldes, escrita en los años 60 por la entonces adolescente S.E. Hinton. Rebeldes me fascina por muchos motivos pero, al crecer en un barrio obrero en el que vi diversas problemáticas, la novela me tocó de una manera especial. Y me enamoré de la relación entre los personajes, simple y llanamente. Me enamoré de lo sencilla que era su amistad, de lo incondicional, de lo pasional. Me enamoré de la dureza de Dallas y de la suavidad de Johnny y de la inocencia de Pony y de la voluntad de Darry y de las bromas de Two-Bit y del optimismo de Soda. Me habría gustado que esos personajes fuesen reales, os lo digo en serio.

¿Y los personajes femeninos? Veamos, Pony describe a las chicas del barrio como “fulanas”, y juzga constantemente a las novias de Dallas y Soda. Los prejuicios de Pony no son solo eso, prejuicios de un chico blanco que creció en la masculinidad tóxica de un barrio pobre; los sucesos del argumento revelan que, pese a todo, tenía razón. El único personaje femenino que se presenta en términos positivos es Cherry Valance, casualmente una de las chicas a las que Pony considera físicamente atractivas (porque eso es todo lo que importa, ¿no es así?). Aún con todo, a Cherry se la sigue tratando con cierto escepticismo, como a una traidora de clase o, como la describe Dallas, “esa putita Soc“. De nuevo, la trama apoya el hecho de que los chicos están de acuerdo en sus juicios.

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La traición de Rebeldes es particularmente dolorosa porque su autora es una mujer y porque el libro está escrito en una época que ya vio dos olas feministas. Claro que luego te enteras de que S.E. Hinton acusó a sus lectores adolescentes de heterófobos por hacer lecturas queer de sus personajes (un grupo de chicos adolescentes muy cercanos entre ellos y en una trama en la que solo una mujer tiene algo de relevancia… ¿Qué se esperaba?) y, bueno, no pueden pedírsele peras al olmo, ¿eh?

¿El club de los poetas muertos? Aunque ambientada en los años 50, la película fue escrita en los 80. Aún así, el único rol que tienen los (absolutamente secundarios) personajes femeninos (madres aparte, he contado tres) es el de interés romántico. Una de las subtramas más lamentables y, honestamente, olvidables de la película es el encaprichamiento obsesivo de Knox por Chris, una chica de la que, recordemos, se enamora con verla una única vez. Una chica cuya voluntad Knox nunca se plantea (lo importante es que aquí él está siendo movido por el romanticismo con minúscula, porque parece ser que el señor Keating, con todo, no les ha enseñado la diferencia entre Románticos y románticos), una chica a la que Knox deja en evidencia repetidamente, una chica cuya relación es puesta en peligro porque Knox está obsesionado con ella.

Los otros dos personajes femeninos (exceptuando a las madres, que son eso, madres y no se las caracteriza más) son las chicas a las que Charlie Dalton invita a la cueva donde los poetas muertos se reúnen. Charlie, por supuesto, no las invita porque esté ardiendo en deseos de conocer sus sentimientos respecto a la poesía, sino porque están buenas. Y ellas, como las mujeres lámpara que son, se ríen de sus chistes, y cuando Charlie intenta hacer pasar por suyos poemas de Shakespeare y de Byron ellas no se dan cuenta porque, al parecer, las mujeres no estudian literatura en la preparatoria. Eso sería el acabose. (¿Otra cosa que sería el acabose? Keating enseñando a alguna poeta femenina, que serán los años 50 y todo lo que quieras, pero la influencia de Emily Dickinson, por ejemplo, ya era celebrada entonces).

¿Harry Potter? Esto es lo más irritante porque es una serie de libros escrita por una mujer entre finales de los años 90 y principios de los 2000. Y sí, hay algunos personajes femeninos maravillosos en Harry Potter (no voy a decir muchos porque tampoco es la repanocha): Hermione, Tonks, Luna y Minerva McGonagall.

Los Merodeadores eran cuatro y eran hombres. Lily (la quinta merodeadora por excelencia) brilla por su falta de personalidad. Realmente lo único que sabemos de ella es que era guapa (su belleza y sus ojos verdes y su pelo rojo son lo que más destacan los otros personajes sobre ella), que era popular y que era buena gente. Luego ya nos enteramos de que, además, se le daban bien las pociones. Pero nada más. Nunca sabemos qué se pasaba por su cabeza, cuáles eran sus motivaciones, nada. Ni siquiera sabemos cuál era su papel en la Orden del Fénix, lo cual nos lleva a asumir que tal vez no tenía un papel demasiado relevante.

En el Ejército de Dumbledore tampoco están las cosas como para echar tiros. Sí, Hermione es un personaje maravilloso y nos enseñó a muchas que está bien querer ser inteligente y estudiosa, pero escuchadme (y no os echéis a mi cuello): está codificada de una manera muy típicamente femenina, y esto no es reflejado ni por Harry ni por la trama como algo positivo. Harry a menudo encuentra irritante su voz chillona y el hecho de que sea sensible y llore (lo cual, per se, no es algo malo y ojalá se dejase de equiparar la frialdad con la fortaleza, pero dice bastante que los únicos personajes llorones y sensibles sean mujeres: Hermione y Cho).

Ginny, lo siento, pero desde el punto narrativo es un espanto. Tiene una personalidad muy blanda en los cuatro primeros libros y en el quinto hace un giro de 180º (sin evolución de ningún tipo) y se convierte en una badass que, además, está buenísima. Porque eso es lo más importante. Y sí, sé que Harry no es la persona más observadora del mundo, pero una cosa es tener un unreliable narrator y otra muy distinta es pretender que el lector se crea que el Quidditch siempre fue la pasión secreta de Ginny cuando nos la muestras más aburrida que una ostra en la final de la Copa Mundial de Quidditch. Y sí, se nos cuenta que su papel en la guerra mágica es activo, pero ahí está el quid de la cuestión: eso es algo que se nos cuenta pero que como lectores nunca vemos.

Aparte está el hecho, naturalmente, de que no hay amistades femeninas en Harry Potter. O, bueno, hay una: Lavender y Parvati. Coincidentemente, Lavender y Parvati tienen hobbies y gustos muy convencionalmente femeninos. Coincidentemente, a Lavender y a Parvati se nos las pintan como tontas y molestas. ¿Por lo demás? Se nos cuenta que Ginny y Luna se llevan bien, pero tampoco son lo que podríamos considerar amigas. Las relaciones más cercanas de las mujeres de Harry Potter son, sorpresa, hombres. En palabras de Amy Dunne…

“Cool girl”. Men always use that, don’t they? As their defining compliment: “She’s a cool girl”. Cool girl is hot. Cool girl is game. Cool girl is fun. Cool girl never gets angry at her man. She only smiles in a chagrined, loving manner. And then presents her mouth for fucking. She likes what he likes, so evidently he’s a vinyl hipster who loves fetish Manga. If he likes girls gone wild, she’s a mall babe who talks for football and endures buffalo wings at Hooters.

Así que aquí llegamos. La mayoría de mis personajes favoritos son masculinos. La mayoría de los personajes que escribo y que me apasionan son masculinos, tal vez porque me he pasado una vida leyendo las aventuras de hombres y no de mujeres, las amistades de hombres y no de mujeres. Y sí, partir de tu propia experiencia puede ser muy valioso a la hora de escribir, pero no podemos negar el rol crucial que las obras que ya hemos leído tienen en nosotros.

Tengo que confesarlo: me cuesta escribir amistades femeninas. Aunque el 90% de mis amistades sean otras mujeres. Aunque me moleste el tropo de la única mujer en un grupo de hombres. Aunque esté sedienta por ver más amistades femeninas representadas de forma positiva en la literatura.

Lo cierto es que los personajes que construyo con más facilidad son los masculinos. Los personajes que se me vienen primero a la cabeza son los masculinos. Y esta entrada no tiene un momento eureka, no realmente. Esto es algo en lo que sigo trabajando y algo que sigo intentando superar. Adoro mis personajes masculinos y adoro mis personajes femeninos, pero estoy intentando derribar la brecha entre unos y otros.

El síndrome del impostor

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Ayer mi jefe y yo tuvimos una reunión. Mi periodo de prueba en la editorial había terminado y teníamos que evaluar mi trabajo y decidir si sería una buena asistente editorial. Estaba tan convencida de que la respuesta iba a ser negativa que el sí (!!!!!!!) me cogió total y absolutamente por sorpresa.

Es extraño porque hasta hace poco tiempo no diría que sufro del síndrome del impostor porque nunca he creído que soy lo suficientemente buena incluso para eso, lo que es, como, un síntoma bastante grande de que sufres realmente el síndrome del impostor.

El síndrome del impostor, en las personas creativas, es esa idea inamovible de que nuestro talento es solo el 1% de nuestro éxito. Aunque es cierto que la suerte y el privilegio son factores en ese éxito, catalogarlos como el único motivo por el que hemos sido publicados, por el que vendemos libros, por el que nos sigue la gente en redes… es tóxico. Muy, muy tóxico, y no debemos dejar que su nombre se convierta en una expresión de moda más. El síndrome del impostor es, en muchos casos, un síntoma de un desorden mental más grande, y no debemos caer en la tentación de tomarlo como un aspecto normal y predecible de la vida de una persona creativa porque la creatividad y la tortura mental no deberían ir de la mano.

La idea de que Van Gogh no habría sido Van Gogh si no hubiese sufrido depresión clínica (en lugar de imaginar en todo el potencial que Van Gogh habría podido desplegar si no sufriese una enfermedad mental debilitante y, en muchos casos, mortífera) es uno de los grandes demonios de la creatividad y, creo, uno de los factores por el cual el síndrome del impostor no se toma lo suficientemente en serio.

Hace un par de días escribí un hilo en Twitter sobre cómo mi obsesión con leer las reseñas sobre mis libros me empujó a episodios de ansiedad y un bloqueo que me impidió terminar una novela durante más de un año. El síndrome del impostor también forma parte de esto.

El síndrome del impostor es pensar que la próxima vez que publicarás te pondrás en ridículo porque, evidentemente, lo que escribes apesta y todo el mundo menos tú se da cuenta de ello. El síndrome del impostor es estar convencido de que todos piensan que no te mereces las oportunidades que has recibido. El síndrome del impostor es la incapacidad de premiarte o decir cosas positivas sobre tu trabajo en voz alta porque estás seguro de que nadie compartirá tu opinión. El síndrome del impostor es creer que todas las opiniones positivas sobre tu trabajo surgen de un lugar de lástima y que todas las opiniones negativas sobre tu trabajo son las únicas verdaderas. El síndrome del impostor es sentir ansiedad cuando te piden consejo porque jamás te permitirás creer que has llegado donde has llegado debido a tu propio trabajo.

He aprendido a darle una patada a esa vocecita que me dice que no soy suficiente, en su mayor parte, pero, para ser sincera, todavía sigo tomando el “no” como respuesta por defecto y todavía sigo sorprendiéndome cuando mi trabajo es visto como “bueno”.

En la revisión de mi mes de prueba dije algo que creo que es muy cierto sobre cómo yo, y muchas otras personas creativas, percibimos nuestro trabajo: soy tan consciente del espacio entre lo que quiero hacer y lo que realmente hago que me paralizo porque soy incapaz de funcionar si no alcanzo la perfección. 

Estoy aprendiendo a que ese espacio vacío, esa nada que veo tan inmensa e imposible, me motive en lugar de asustarme. Estoy aprendiendo a ver posibilidades en ese vacío, promesas en ese vacío, lecciones que no es necesario aprender castigándote a ti mismo.

Lo que mi jefe me contestó es también muy cierto y algo que todos deberíamos recordarnos de vez en cuando: lo que es perfección para ti no es perfección para mí y no es perfección para la persona al otro lado de la habitación. El trabajo que te parece vergonzoso puede ser perfecto para otra persona, y el trabajo que te parece perfecto puede estar carente de muchos elementos para otro.

Lo que me está ayudando a separarme de esas dudas y esa inseguridad es precisamente eso: separarme. Saber cuándo terminar una sesión de trabajo y salir a la calle, a respirar; saber cuándo mi cerebro necesita un descansosaber apreciar la creatividad de otros sin compararme o sin sentir la necesidad de ir corriendo a trabajar en mi propia creatividad.

En definitiva, ser más amable conmigo misma.

YALC y Booktubeathon

Violeta y yo con Sanne del canal de YouTube Books and Quills

Como con muchas cosas en la vida, a veces tengo la sensación de que o participo en la comunidad young adult al 100% o no participo en absoluto.

Estas últimas semanas, por fortuna, han sido lo primero.

El sábado mi amiga Violeta Guerrero (una escritora fabulosa que estoy segura de que acabará en las estanterías de todas las librerías tarde o temprano) y yo fuimos a la Young Adult Literature Convention (¡YALC para abreviar!), que a su vez forma parte de la London Film and Comic Con (a la que también asistimos, pero sólo de pasada y hasta que nos dimos cuenta de que no es exactamente lo nuestro).

La YALC me recordó por qué adoro tanto la literatura juvenil y por qué sigue siendo como una casa para mí:

  • Diversidad. La comunidad young adult es absolutamente multicultural, y me siento orgullosa de decir que, después de la megaestrella que es Tom Fletcher, la autora que más libros firmó fue Tomi Adeyemi.
  • Entusiasmo. A lo largo del día vi a centenares de personas disfrazadas de sus personajes favoritos, participando en retos literarios y en workshops, cargando MALETAS llenas de libros (¡Para que luego digan que los jóvenes no leemos!).
    • Creatividad. Como he dicho, centenares de personas participando en retos y workshops, pero también sacando la foto perfecta para bookstagram, preparando sus próximas novelas, compartiendo links a sus blogs…
    • Comunidad. Aunque hablábamos entre nosotras en español, la gente no se cortaba a la hora de dirigirse a nosotras y preguntarnos sobre nuestras próximas lecturas, sobre las novelas que escribimos…
  • Además de dejar nuestras carteras más delgadas en los puestos de las editoriales y las librerías (aunque no mucho más delgadas, ya que había descuentos increíbles como £5 por paperback y £10 por tres paperbacks), Violeta y yo participamos en una sesión de pitching con agentes literarios (básicamente tenías cinco minutos para contarles tu proyecto a las agentes y ellas te daban feedback sobre él) y asistimos a una charla sobre representación LGBT. También participamos en varios sorteos y concursos, ¡y ambas ganamos una uncorrected proof de Dear Evan Hansen cortesía de Penguin! En el stand de Penguin, que estaba decorado como un instituto americano con taquillas y todo lo demás, conocimos a Sanne del canal de YouTube Books and Quills, con la que hablamos de literatura LGBT y cómo empezar en booktube (lo que me recuerda que tenéis que suscribiros al canal de Violeta).
  • Así de cargadas acabamos… tote bags cortesía de las editoriales
  • Y menos mal que salí de la YALC con varias bolsas llenas de libros, porque esta semana estoy participando en el booktubeathon. Booktubeathon fue ideado por la booktuber Ariel Bisset, y consiste en una maratón de una semana durante la cual acabarás leyendo siete libros. Cada año hay distintos retos, y podéis echarle un vistazo a los de este año en este vídeo.
  • Mi TBR de este año
  • Los siete libros que leeré en esta maratón son:
    • Goodbye stranger de Rebecca Stead. Mi lectura actual. Es más middle grade y menos young adult de lo que esperaba, por lo que no acaba de ser para mí.
      Death the barber de William Carlos Williams. William Carlos Williams es uno de mis poetas favoritos y llevo desde que terminé la carrera queriendo leer más de él.
      Love, Simon de Becky Albertalli. Vi la película y me enamoró, y por fin me he hecho con el libro.
      Dear Evan Hansen de Val Emmich. Le tenía echado el ojo y no pude comprarlo porque todavía no ha salido a la venta, así que casi di un gritito cuando gané la uncorrected proof.
      Moxie de Jennifer Matthieu. Llevaba meses viéndolo y no me acababa de atrever, pero los descuentos de la YALC me hicieron caer.
      Solitaire de Alice Oseman. Quería leer a Alice desde hace tiempo porque cualquier autor joven que pase tanto tiempo en Tumblr como yo llamará mi atención.
      This is where it ends de Marieke Nijkamp. Los tiroteos en los institutos me parecen una tragedia que dice mucho de nuestra sociedad y de los límites que permitimos que se crucen, por lo que los libros que los tratan suelen acabar en mi TBR. Si sois como yo os recomiendo muchísimo La flor de fuego de Alba Quintas (juvenil, ficción) y No easy answers de Brooks Brown (no ficción, sobre la masacre de Columbine).

    Excepto dos (Solitaire y Death the barber), todos los he conseguido en la YALC. ¡Ya os mantendré al día en mis RRSS, pero espero no morir en el intento!).